Por supuesto que la cantidad de sufrimiento animal inherente a nuestro uso de animales es terrible, y no deberíamos usar animales para propósitos “frívolos”, como el entretenimiento, pero ¿cómo se puede esperar que las personas dejen de comer productos de origen animal?

En muchos sentidos, esta es una pregunta apropiada para concluir nuestra discusión porque la pregunta en sí misma revela más acerca de la historia de la relación humano/animal que cualquier teoría, y demuestra nuestra confusión sobre asuntos morales en general.

A muchos humanos les gusta comer productos de origen animal. Disfrutan de ello tanto que les resulta difícil desapegarse cuando consideran cuestiones morales sobre los animales. Pero el análisis moral requiere, como mínimo, que dejemos nuestros obvios sesgos aparte. La agricultura animal es la fuente más importante de sufrimiento animal en el mundo de hoy, y no hay absolutamente ninguna necesidad de ello. De hecho, la agricultura animal tiene efectos ambientales devastadores, y un creciente número de profesionales de la salud afirman que la carne y los productos de origen animal son perjudiciales para la salud humana. Podríamos vivir sin matar animales y podríamos alimentar a más seres humanos del mundo -los seres que siempre pretendemos cuidar cuando tratamos de justificar la explotación animal- si abandonáramos por completo la agricultura animal.

El deseo de comer productos de origen animal ha nublado algunas de las mentes más brillantes de la historia humana. Charles Darwin reconoció que los animales no eran cualitativamente diferentes de los humanos y que poseían muchas de las características que alguna vez se pensó que eran únicamente humanas, pero continuó comiéndoselos. Jeremy Bentham argumentó que los animales tenían intereses moralmente significativos porque podían sufrir, pero también continuó comiéndolos.

Los viejos hábitos pueden ser difíciles, pero eso no significa que estén moralmente justificados. Es precisamente en situaciones en las que entran en juego cuestiones morales y fuertes preferencias personales que debemos ser más cuidadosos en pensar con claridad. Sin embargo, como muestra el ejemplo del consumo de productos de origen animal, a veces nuestras preferencias brutas determinan nuestro pensamiento moral, y no a la inversa. Muchas personas me han dicho: “Sí, sé que es moralmente malo comer carne, pero me encantan las hamburguesas”.

Lamentablemente para aquellos que les gusta comer productos de origen animal, esto no es un argumento, y el gusto por ellos de ninguna manera justifica la violación de un principio moral. Nuestra conducta simplemente demuestra que, a pesar de lo que decimos sobre la importancia moral de los intereses de los animales, estamos dispuestos a ignorar esos intereses siempre que nos beneficiemos de hacerlo, incluso cuando el beneficio no sea más que nuestro placer o conveniencia.

Si nos tomamos la moralidad en serio, debemos enfrentarnos a lo que dicta: si es incorrecto que Juan torture a perros por placer, entonces es moralmente incorrecto que comamos productos de origen animal.

¿No es el hecho de que los animales deban tener el derecho básico a no ser considerados nuestros recursos una cuestión de opinión? ¿Qué derecho tiene alguien a decir que otra persona no debe comer carne u otros productos de origen animal o cómo deben tratar a los animales?

Los derechos de los animales no son más una cuestión de opinión que cualquier otro asunto moral. Esta pregunta es lógica y moralmente indistinguible de preguntar si la moralidad de la esclavitud humana es una cuestión de opinión. Hemos decidido que la esclavitud es moralmente condenable, no como una cuestión de mera opinión, sino porque implica tratar a los seres humanos que son esclavos exclusivamente como recursos de los demás y los degrada a la condición de cosas, privándoles así de valor moral.

La noción de que los derechos de los animales son una cuestión de opinión está directamente relacionada con el estatus de los animales como propiedad del ser humano; esta pregunta, como la mayoría de las demás aquí, asume la legitimidad de considerar a los animales como cosas que existen únicamente como medios para fines humanos. Debido a que consideramos a los animales como nuestra propiedad, creemos que tenemos el derecho a valorarlos de la manera que consideremos apropiada. Sin embargo, si no tenemos justificación moral para tratar a los animales como nuestra propiedad, entonces el hecho de si deberíamos comer productos de origen animal, usar animales en experimentos, o imponerles dolor y sufrimiento por deporte o entretenimiento no es más una cuestión de opinión de lo que lo es el estatus moral de la esclavitud humana.

Además, mientras los animales sean tratados como propiedad, seguiremos pensando que lo que constituye un trato “humanitario” para nuestra propiedad animal realmente es una cuestión de opinión porque cada persona decide cuánto valen sus bienes. De la misma manera que tenemos opiniones sobre el valor de otras cosas que tenemos, podemos tener opiniones sobre el valor de nuestra propiedad animal. Aunque el valor que otorguemos a nuestra propiedad puede ser demasiado alto o demasiado bajo en relación con su valor de mercado, esto generalmente no se cuestiona moralmente. Así que cuando María critica a Juan porque golpea a su perro regularmente con el fin de asegurarse de que su perro sea un perro guardián feroz y eficaz, Juan está perfectamente justificado al contestar a María que la valoración de su propiedad no es una cuestión de moralidad, sino una cuestión de su derecho a la propiedad.

Por otro lado, esta pregunta se relaciona con un tema del que se habla en la Introducción, la postura de que la moralidad es relativa, que es una cuestión de conveniencia o convención, sin ninguna afirmación válida en relación a una verdad objetiva. Si este fuera el caso, entonces la moralidad del genocidio, de la esclavitud humana o del abuso sexual infantil no serían más que asuntos de opinión. A pesar de que es cierto que las proposiciones morales no se pueden demostrar de la manera en que podemos demostrar las proposiciones matemáticas, esto no significa que “todo vale”. Algunas opiniones morales están mejor argumentadas que otras, y algunas opiniones morales “encajan” mejor con otras opiniones que mantenemos. La opinión de que podemos tratar a los animales como cosas simplemente porque nosotros somos humanos y ellos no es especismo puro y duro. La opinión de que no deberíamos tratar a los animales como cosas es consistente con nuestra noción general de que los animales tienen intereses moralmente signiticativos. No tratamos a otros humanos como recursos de los demás; hemos abolido la institución de la propiedad humana. Hemos visto que no hay una razón moralmente sólida para tratar a los animales de manera diferente en lo que se refiere al derecho de no ser tratado como un objeto, y que la postura de los derechos de los animales no significa que no podamos preferir a un humano antes que a un animal en situaciones de verdadera emergencia o conflicto donde no hemos creado ese conflicto previamente al violar el principio de igual consideración.

Si adoptamos una dieta vegana, inevitablemente los animales se verán perjudicados cuando plantamos vegetales, y ¿cuál es la diferencia entre criar y matar animales para alimentarlos y matarlos involuntariamente como parte de una agricultura basada en plantas?

Cuando cultivamos, inevitablemente desplazaremos y posiblemente mataremos a animales inteligentes al plantar vegetales. Sin embargo, de seguro, hay una diferencia significativa entre criar y matar animales para alimentarse y dañarlos involuntariamente en el transcurso de la plantación de vegetales, una actividad que en sí misma tiene la intención de prevenir la matanza de seres conscientes.

Para entender este punto, considere el siguiente ejemplo. Construimos carreteras. Permitimos que las personas conduzcan automóviles. Sabemos, como asunto estadístico, que cuando construimos una carretera, algunos humanos -no sabemos quiénes son de antemano- serán perjudicados como resultado de accidentes de coche. Sin embargo, existe una diferencia moral fundamental entre la actividad que tiene el daño humano como una consecuencia inevitable pero involuntaria y el asesinato intencional de seres humanos en particular. Del mismo modo, el hecho de que los animales puedan ser dañados como consecuencia involuntaria de la plantación de vegetales, incluso si no usamos productos químicos tóxicos e incluso si prestamos gran atención para evitar dañar a los animales, no significa que sea moralmente aceptable matar intencionalmente a los animales.

Además, dado que se necesita una gran cantidad de vegetales para producir un kilo de proteína vegetal, en realidad matamos a más animales en la producción de cultivos cuando alimentamos a los animales con esos cultivos en lugar de consumirlos directamente. Entonces, una dieta vegana es responsable de muchas menos muertes involuntarias y accidentales.

Una pregunta relacionada es: ¿por qué las plantas no tienen derechos dado que están vivas? Esta es una pregunta que todo vegano recibe en compañía de alguien novegano. Estos noveganos pueden ser seres racionales e inteligentes, pero cuando se enfrentan a una persona vegana, la incomodidad con su dieta a menudo sale a la superficie en forma de actitud defensiva.

Nadie realmente piensa que las plantas son lo mismo que los seres no humanos sensibles. Si me comiera tu tomate o tu perro, no los considerarías actos similares. Por lo que sabemos, las plantas no son conscientes. No son conscientes y no pueden experimentar dolor. Las plantas no tienen sistemas nerviosos centrales, endorfinas, receptores para las benzodiazepinas o cualquiera de los otros indicios de sintiencia. Las plantas no tienen intereses; los animales sí.

¿Cómo puedo saber si un producto es vegetal?

Leer la lista de ingredientes no siempre es suficiente para determinar si un producto es vegetal:

  • Muchos componentes alimenticios, cosméticos y de ropa usan nombres que no dejan claro si son de origen animal.
  • Muchos microingredientes pueden fabricarse a partir de fuentes de origen vegetal o animal. Los glicéridos, la L-cisteína, la lecitina e ingredientes similares, por ejemplo, pueden ser de origen animal o vegetal.
  • Los aromatizantes naturales, las especias, los condimentos, los colorantes y otros ingredientes aparentemente inocuos, incluso las vitaminas, pueden contener productos de origen animal o derivar de fuentes animales.
  • Muchos productos usan ingredientes de origen animal durante su procesamiento, incluso si el producto final no contiene productos de origen animal. El azúcar de caña, por ejemplo, se blanquea en muchas partes de los Estados Unidos y en otras partes del mundo utilizando carbón de huesos de animales. El alcohol, como el vino tinto y la cerveza, a menudo se filtran con albúmina de huevo o con isinglass (derivados de vejigas de pescado).
  • Las palabras “sintético”, “falso”, “natural”, “orgánico” y otras similares no garantizan que un producto sea libre de explotación animal.

Los siguientes, sin embargo, son algunos de los ingredientes más comunes que casi siempre son derivados de fuentes animales:

Albumen
Ámbar gris
Carmín
Caseína
Gelatina
Cola de pescado
Lanolina
Pepsina
Propóleos
Sebo
Suero

Además, que un producto sea vegetal en un lugar, no garantiza que sea vegetal en otro. Comprobar la fuente de los microingredientes con el fabricante local de un producto es la mejor manera de determinar la fuente.

Muchos cereales en los Estados Unidos, por ejemplo, están fortificados con vitamina D3 de origen animal. Este no es el caso en muchos otros países, incluso cuando la marca de cereal es la misma. Un producto puede ser endulzado con jarabe de maíz con alto contenido de fructosa en los Estados Unidos, con azúcar de caña en Canadá y con azúcar de remolacha en Gran Bretaña.

Incluso un mismo producto en un mismo país puede ser problemático. Por ejemplo, el mismo producto en los Estados Unidos puede endulzarse con azúcar animal blanqueado con carbón vegetal un mes, y con azúcar de caña blanqueado usando otro método otro mes, dependiendo de cómo la compañía obtenga su azúcar.

También es importante consultar con el fabricante local en lugar de con la empresa matriz. Muchos productos comerciales también se producen bajo licencia internacional. Un producto puede ser fabricado y distribuido por una compañía completamente diferente, de un país a otro. Si contactas con la oficina principal o corporativa de un país diferente pueden proporcionarte una información incorrecta.

En resumen, si no conoces todos los ingredientes de un producto o no estás seguro de si esos ingredientes implican un uso de animales que es factible y posible evitar, tienes una buena razón para consultarlo con el fabricante o no utilizarlo.

¿Cuáles son las recomendaciones dietéticas comunes para las personas veganas?

Las necesidades nutricionales de los individuos varían y la comprensión científica de la nutrición continúa evolucionando. La recomendación que se mantiene por las organizaciones de salud y de dietética es que las personas veganas deben (1) asegurar la ingesta adecuada de calorías en función de su edad, sexo, estilo de vida, etc., y (2) comer una dieta variada con alimentos ricos en calcio, hierro, vitamina D, vitamina B12, zinc y otros nutrientes. La siguiente lista no es completa:

  • Proteína: Las fuentes vegetales de proteína incluyen la soja y los productos derivados del trigo (como el tofu, el tempeh y el seitán), judías, frijoles, lentejas, nueces y semillas. (1)
  • Calcio:  Las fuentes vegetales de calcio incluyen el tofu, la col rizada, el nabo, las berzas, las hojas de mostaza, el bok choy (col china), las semillas de sésamo, el tahíni y la melaza negra. (2)
  • Hierro: Las fuentes vegetales de hierro incluyen varias judías, tofu, espinacas, pasas y la melaza negra. (3)
  • Zinc: Las fuentes vegetales de zinc incluyen los frijoles, anacardos, garbanzos, semillas de sésamo, tahini y las semillas de calabaza. (4)
  • Vitamina D. ¡Las fuentes de vitamina D incluyen la luz solar! Pero también los champiñones crecidos con luz solar y los alimentos fortificados con Vitamina D2. (5) Ten en cuenta que, sin embargo, la mayoría de fuentes de Vitamina D3 no provienen de plantas.
  • Vitamina B12. Las fuentes de B12 incluyen las leches de soja, arroz y nueces fortificadas con B12, los cereales del desayuno y otras comidas, así como la levadura nutricional. (6)
  • Ácidos Grasos Omega-3. Las fuentes de Omega-3 incluyen semillas de lino, nueces, soja, canola y aceite de soja, entre otros. (7)

Los alimentos integrales son una buena fuente de nutrición variada. No obstante, vale la pena señalar que una taza de muchas de las marcas comunes de leches vegetales fortificadas proporciona el 45% de calcio, el 30% de vitamina D y el 50% de vitamina B12 de los requerimientos de la ingesta diaria.

Muchos cereales están fortificados en América y España. Sin embargo, la fortificación de los cereales, leches vegetales y otros alimentos varía según la marca y la región. Muchos productos no se enriquecen en absoluto. Asegúrate de verificar la información nutricional en la etiqueta.

Los suplementos de B12, Ácidos grasos Omega-3 y otras vitaminas y minerales están disponibles. Las pruebas de sangre a través de tu médico pueden ayudarte a determinar si estás recibiendo suficiente cantidad de hierro, B12 u otras preocupaciones que puedas tener con el tiempo. La orientación nutricional general no debe reemplazar la consulta con un profesional de la salud apropiado para discutir tus necesidades dietéticas si tienes alguna preocupación.

  1. Ver http://www.mayoclinic.org/healthy-living/nutrition-and-healthy-eating/in-depth/vegetarian-diet/art-20046446?pg=2
  2. Ver http://ods.od.nih.gov/factsheets/calcium#h2
  3. Ver http://ods.od.nih.gov/factsheets/Iron-HealthProfessional#h2
  4. Ver http://ods.od.nih.gov/factsheets/Zinc-HealthProfessional#h3
  5. Ver http://ods.od.nih.gov/factsheets/VitaminD-HealthProfessional
  6. Ver http://ods.od.nih.gov/factsheets/VitaminB12-HealthProfessional#h3
  7. Ver http://www.mayoclinic.org/healthy-living/nutrition-and-healthy-eating/in-depth/vegetarian-diet/art-20046446?pg=2

¿Es necesario comer productos de origen animal para estar saludable?

Muchas organizaciones de salud de todo el mundo, incluida la American Dietetic Association, han afirmado que una dieta vegana bien planificada puede ser saludable. En un documento de 2009, la Asociación Dietética Estadounidense indicó que:

“La posición de la Asociación Dietética Estadounidense es que las dietas vegetarianas planificadas adecuadamente, incluidas las dietas totalmente vegetarianas o veganas, son saludables, nutricionalmente adecuadas y pueden proporcionar beneficios para la salud en la prevención y tratamiento de ciertas enfermedades. Las dietas vegetarianas bien planificadas son apropiadas para las personas durante todas las etapas del ciclo de vida, incluyendo el embarazo, la lactancia, la infancia, la infancia y la adolescencia, y para los atletas “. (1)

Cualquier dieta desequilibrada e insalubre puede provocar problemas de salud. La planificación y el equilibrio son importantes también para las personas veganas. Es posible ser vegana/o y no estar saludable, pero el hecho persiste: puedes mantenerte saludable con una dieta vegana bien planificada.

Para mayor confirmación e información:

  1. Journal of the American Dietetic Association, July 2009. 109(7): 1266- 1282.

Hitler era vegetariano; ¿Qué dice eso sobre las personas vegetarianas?

No dice nada más que el hecho de que algunas personas malvadas también pueden ser vegetarianas. La pregunta en sí está basada en un silogismo inválido: Hitler era vegetariano; Hitler era malvado; por lo tanto, los vegetarianos son malvados. Stalin comió carne y no era un ángel. Fue responsable de la muerte de millones de personas inocentes. ¿Qué dice eso sobre las personas que comen carne? Del mismo modo que no podemos concluir que todas las personas que comen carne tienen algo en común con Stalin más allá del consumo de carne, no podemos concluir que todas las vegetarianas tienen algo en común con Hitler más allá del vegetarianismo. Además, no es seguro que Hitler fuera realmente vegetariano. Y, en cualquier caso, el interés nazi en reducir el consumo de carne no existía porque se preocupasen por el estatus moral de los animales, sino que reflejaba su preocupación por la salud y curación orgánica y por la evitación de ingredientes artificiales en alimentos y productos farmacéuticos, preocupación que estaba vinculada a sus objetivos nazis de “higiene racial”.

Otra versión de esta pregunta es que, dado que los nazis también favorecieron los derechos de los animales, ¿significa esto que los derechos de los animales como teoría moral es pobre e intenta devaluar a los humanos? Una vez más, la pregunta es absurda. En primer lugar, se basa en un error fáctico. Los nazis no estaban a favor de los derechos de los animales. Las leyes de bienestar animal en Alemania restringieron la vivisección hasta cierto punto, pero bajo ningún concepto reflejaban ninguna preferencia social por abolir el estatus de propiedad de los animales. Después de todo, los nazis asesinaron con toda tranquilidad a millones de humanos y animales en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, un comportamiento que no es compatible con una posición de derechos humanos o de otro tipo. No es más correcto decir que los nazis apoyaron los derechos de los animales que decir que los estadounidenses apoyan los derechos de los animales porque tenemos una Ley federal de bienestar animal.

Pero, ¿y si, en contra de los hechos, los nazis defendieran la abolición de toda explotación animal? ¿Qué diría eso sobre la idea de los derechos de los animales? La respuesta es absolutamente clara: no diría nada sobre si la posición de los derechos de los animales es correcta o incorrecta. Esa pregunta puede resolverse solo si los argumentos morales a favor de los derechos de los animales son válidos o no. Los nazis también favorecieron fuertemente el matrimonio. ¿Eso significa que el matrimonio es una institución intrínsecamente inmoral? Los nazis también creían que los deportes eran esenciales para el desarrollo de un carácter fuerte. ¿Significa esto que los deportes competitivos son inherentemente inmorales? Jesucristo predicó que había que compartir los recursos de manera equitativa. Gandhi promovió un mensaje similar, como lo hizo Stalin. Pero Stalin también devaluó a los seres humanos. ¿Podemos concluir que la idea de una distribución de recursos más equitativa tiene algún defecto moral inherente que contamina a Jesús o Gandhi? No, claro que no. No devaluamos más la vida humana si concedemos valor moral a los intereses de los animales de lo que devaluamos las vidas de los humanos sin trastorno mental severo cuando damos valor a ciertos humanos con trastorno mental severo y prohibimos su uso en experimentos.

¿No es el uso humano de los animales una “tradición” o “natural” y, por lo tanto, moralmente justificable?

Toda forma de discriminación en la historia de la humanidad ha sido defendida como “tradicional”. El sexismo se justifica rutinariamente diciendo que es tradicional que las mujeres estén subordinadas a los hombres: “El lugar de una mujer está en el hogar”. La esclavitud humana ha sido una tradición en la mayoría de las culturas en algunos momentos. El hecho de que algún comportamiento pueda describirse como tradicional no tiene nada que ver con si el comportamiento es o no es moralmente aceptable.

Además de hablar de la tradición, algunos caracterizan nuestro uso de los animales como “natural” y, entonces, dicen que es moralmente aceptable. Nuevamente, describir algo como algo natural no nos dice nada sobre la moralidad de la práctica. En primer lugar, casi todas las formas de discriminación que se practican han sido descritas como naturales y tradicionales. Las dos nociones a menudo se usan indistintamente. Hemos justificado la esclavitud humana como una jerarquía natural de esclavistas y esclavos. Hemos justificado que el sexismo representa la superioridad natural de los hombres sobre las mujeres. Además, es un poco extraño describir nuestra mercantilización moderna de los animales como algo natural en cualquier sentido de la palabra. Hemos creado procedimientos agrícolas y entornos totalmente antinaturales para maximizar los beneficios. Hacemos experimentos extraños en los que trasplantamos genes y órganos de animales a humanos y viceversa. Ahora estamos clonando animales. Nada de esto puede describirse como natural. Las etiquetas “natural” y “tradicional” son solo eso: etiquetas. No son razones. Si una persona defiende la imposición de dolor y sufrimiento a un animal en función de lo que es natural o tradicional, generalmente significa que no puede justificar su conducta.

Una variante de esta pregunta se centra en las tradiciones de grupos particulares. Por ejemplo, en mayo de 1999, la tribu Makah del estado de Washington mató a su primera ballena gris en más de setenta años. La matanza, que se hizo con arpones de acero, cañones anticarro, municiones perforantes, chaseres motorizados y una subvención de $ 310,000 del gobierno federal. Se defendió con el argumento de que la caza de ballenas era una tradición Makah, pero el mismo argumento podría utilizarse (y se utiliza) para defender las mutilaciones del clítoris en África y la quema de novias en la India. El problema no es si la conducta es parte de una cultura; toda conducta es parte de alguna cultura. El problema es si la conducta puede justificarse moralmente o no.

Finalmente, algunos argumentan que, dado que los animales no humanos comen a otros no humanos en la naturaleza, nuestro uso de los animales es natural. Hay cuatro respuestas a esta posición. Primero, aunque algunos animales se comen entre sí en la naturaleza, muchos no lo hacen. Muchos animales sólo comen vegetales. Además, hay mucha más cooperación en la naturaleza de lo que nuestra imaginada “crueldad de la naturaleza” nos hace creer. En segundo lugar, si los animales se comen otros animales es irrelevante. ¿De qué manera podría ser relevante que los animales coman a otros animales? Algunos animales son carnívoros y no pueden existir sin comer carne. No es nuestro caso; nosotras/os podemos vivir bien sin comer carne ni productos de origen animal, y cada vez más personas están afirmando que nuestra salud y nuestro medio ambiente se beneficiarían al alejarse de una dieta con productos de origen animal. En tercer lugar, los animales hacen todo tipo de cosas que los humanos no consideramos moralmente apropiadas. Por ejemplo, los perros copulan y defecan en la calle. ¿Eso significa que debemos seguir su ejemplo? En cuarto lugar, es interesante que cuando nos conviene hacerlo, intentamos justificar nuestra explotación de los animales descansando en nuestra supuesta “superioridad”, y cuando nuestra supuesta “superioridad” se interpone en el camino de lo que queremos hacer, de repente nos retratamos a nosotros mismos como nada más que otra especie de animal salvaje, con el mismo derecho que los zorros a comer gallinas.

Los animales domésticos, como las vacas, los cerdos y las ratas de laboratorio no existirían si no fuera porque los hemos criado en primer lugar para nuestros propósitos. Entonces, ¿no es cierto que somos libres de tratarlos como nuestros recursos?

No. El hecho de que en cierto sentido somos responsables de la existencia de un ser no nos da derecho a tratar ese ser como nuestro recurso. Si eso fuese así, entonces podríamos tratar a nuestros hijos como recursos. Después de todo, no existirían si no fuera por nuestras acciones, desde la decisión de concebir hasta la decisión de no abortar. Y a pesar de que se nos concede cierta discreción sobre cómo tratamos a nuestros hijos, existen límites: no podemos tratarlos como hacemos con los animales. No podemos esclavizarlos, venderlos para prostitución o vender sus órganos. No podemos matarlos. De hecho, es una norma cultural que criar a un niño crea obligaciones morales al padre y a la madre de cuidar de su hijo/a y no explotarla/o.

Cabe señalar que una de las supuestas justificaciones para la esclavitud humana en los Estados Unidos fue que muchas de las personas que fueron esclavizadas no habrían existido en primer lugar si no hubiera sido por la institución de la esclavitud. Los esclavos originales que fueron traídos a los Estados Unidos fueron forzados a procrear y sus hijos fueron considerados propiedad. Aunque tal argumento nos parece absurdo ahora, demuestra que no podemos asumir la legitimidad de la institución de la propiedad -de seres humanos o animales- y luego preguntar si es aceptable tratar la propiedad como propiedad. La respuesta está predeterminada. En lugar de eso, primero debemos preguntarnos si la institución de la propiedad animal (o humana) puede estar moralmente justificada.